El Mal del Cerebro

El Mal del Cerebro son dos documentales, breves, menos de 20 minutos cada uno,  directos y claros. Me han parecido completamente recomendables, más aún teniendo en cuenta que hablan sobre investigadores, médicos y pacientes españoles. Nos da una idea de en qué estado se encuentran algunos campos en nuestro país.

El primero de ellos, Cerebros Reparados, trata sobre implantes cerebrales y dispositivos controlados mediante el cerebro.

El segundo, En Busca de la Memoria, se habla de la memoria y de la forma de rastrear los trastornos que la afectan.

Absolutamente recomendables.

Breve Curiosidad #45: Homeopatía y comicidad

Genial tira de Montt:

Sacks, House y la enfermedad de cupido.

Estaba leyendo el más que reseñable libro de Oliver Sacks: “El hombre que confundió a su  mujer con un sombrero” cuando encontré que uno de sus casos neurológicos me era extrañamente familiar y, seguramente, aquellos que sean asiduos a House también reconocerán los más que evidentes parecidos, e incluso alguna frase que está copiada literalmente de la obra de Sacks.

Aquellos que no conozcan a Sacks, no deberían perder la oportunidad de conocer su obra, y como muestra este caso que aquí reproduzco.

El fragmento es el siguiente (capítulo 11. La enfermedad de cupido):

Natasha K., una mujer inteligente de noventa años, acudió a nuestra clínica. Explicó que poco después de cumplir los ochenta y ocho advirtió <<un cambio>>. ¿Qué clase de cambio?, le preguntamos.

– ¡Delicioso! -exclamó-. Era muy agradable. Me sentía con mucha más energía, más viva, me sentía joven otra vez. Empezaron a interesarme los hombres jóvenes. Empecé a sentirme, digamos, <<retozona>>, sí, retozona.

-¿Y eso era un problema?

-No, al principio no. Me sentía bien, extremadamente bien, ¿por qué iba a pensar yo que pudiese haber problemas?

-¿Y después?

– Mis amistades empezaron a preocuparse. Al principio decían: <<Estás radiante… ¡Parece que has rejuvenecido!>>, pero luego empezaron a pensar que aquello no era del todo razonable. <<Tú eras siempre tan tímida>>, decían,  <<y ahora eres una frívola. Andas riéndote, contando chistes…, ¿tú crees que está bien eso a tu edad?>>

-¿Y cómo se sentía usted?

-Yo estaba desconcertada. Me había dejado llevar, y no se me había ocurrido poner en entredicho lo que estaba pasando. Pero entonces lo hice. Me dije:<<Natasha, tienes ochenta y nueve, esto dura ya un año. Siempre fuiste muy moderada en tus sentimientos,!y ahora esta extravagancia!. Eres una mujer vieja, casi al final de la vida. ¿Qué podría justificar una euforia repentina como esta?>>. Y en cuanto pensé en euforia, las cosas adquirieron un nuevo aspecto. <<Estás enferma querida>>, me dije. <<¡Te sientes demasiado bien, tienes que estar mala!>>.

-¿Mala? ¿Emotivamente? ¿Mala mentalmente?

-No, emotivamente no, físicamente. Era algo de ni cuerpo, de mi cerebro, lo que me ponía tan eufórica. Y entonces pensé: !maldita sea, esto es la enfermedad de Cupido!.

-¿La enfermedad de Cupido? –repetí, sin comprender. Era la primera vez que oía aquello.

-Sí, la enfermedad de Cupido…..la sífilis, comprende.

Es que yo estuve en un burdel de Salomónica, hace casi setenta años. Cogí la sífilis, muchas de las chicas la tenían, la llamábamos la enfermedad de Cupido. Mi marido me salvó, me sacó de allí, hizo que me la trataran. Eso fue muchos años antes de la penicilina, claro. ¿No es posible que haya seguido contigo durante todos estos años?

Puede haber un inmenso periodo de latencia entre la infección primaria y la aparición de neurosífilis, sobre todo si la infección primaria ha sido contenida, no erradicada. (…)

Pero yo no me había encontrado nunca con un intervalo de setenta años ni con un autodiagnóstico de sífilis cerebral expuesto con aquella tranquilidad y claridad.

– Es una sugerencia sorprendente –contesté después de pensármelo un poco-. Nunca se me habría ocurrido, quizás tenga usted razón.

Tenía razón; el fluido espinal dio positivo, tenía neurosífilis, eran realmente las espiroquetas las que estimulaban su córtex cerebral antiguo. Se planteó entonces la cuestión del tratamiento. Pero surgía aquí otro dilema, que planteó, con su agudeza característica, la propia señora K.

– No sé si quiero curarlo –dijo-. Ya sé que es una enfermedad, pero me ha hecho sentirme bien. He disfrutado de ella, aún sigo disfrutando, no voy a negarlo. Hacía veinte años que no me sentía tan viva, tan animada. Ha sido divertido. Pero sé muy bien cuando una cosa buena va demasiado lejos, y deja de ser buena. He tenido ideas, he tenido impulsos, no le contaré, que son… bueno, embarazosos y estúpidos. Era como estar un poco ida, un poco achispada, al principio, pero si la cosa va más lejos…

Remedó a un demente espasmódico y babeante. Luego continuó.

– Pensé que lo que tenía era la enfermedad de Cupido, por eso acudí a ustedes. No quiero que la cosa se ponga peor, eso sería horroroso; pero no quiero que me cure, eso sería igual de malo. Hasta que me asaltó esto yo no me sentía plenamente viva. ¿Cree usted que podría mantenerla exactamente como está?

Lo pensamos un rato y nuestra vía de actuación, afortunadamente, estaba clara. Le hemos administrado penicilina, que ha matado las espiroquetas, pero nada se puede hacer para eliminar los cambios cerebrales, las desinhibiciones, que las espiroquetas han causado.

Ahora la señora K. tiene ambas cosas, disfruta de una desinhibición suave, una liberación del pensamiento y el impulso, sin nada que amenace el control de sí misma, y sin peligro de una mayor lesión del córtex. Alberga la esperanza de vivir, reanimada así, rejuvenecida, hasta los cien.

– Es curioso – me dice-. Ha conseguido usted jugársela a Cupido.

Curiosamente, esta viejecita fue capaz de diagnosticarse sola, mientras que en House, la enfermedad trajo de cabeza al atípico doctor y sus secuaces.

La obra de Sacks es fascinante a la par que divulgativa, altamente recomendable para cualquiera con una mínima curiosidad sobre el cerebro, pues te introduce en el misterioso mundo de las enfermedades y alteraciones neurológicas de la forma más sencilla, cruda y desconcertante: mediante casos reales que él mismo ha estudiado o tratado. Esto da una visión de lo que él llama “dimensión humana”: cómo afecta la enfermedad o la alteración a la persona afectada, a su vida, a sus relaciones… en suma, qué significa esa enfermedad en lo que llamamos el yo.

A mí, personalmente, me gustó más su siguiente libro: “Un antropólogo en Marte”, tal vez porque es menos lírico y menos metafísico, o tal vez porque desarrolla más extensamente todos los casos, profundizando más en cada uno de ellos. En cualquier caso, no tiene desperdicio. La única pega a estos libros es que se publicaron hace un cuarto de siglo, y aunque muchos de lo que se explica sigue siendo perfectamente válido, hay campos en los que se ha avanzado espectacularmente desde entonces, por lo que este libro nos dejaría al nivel de lo que se sabía entonces.

Añado por último, por si alguien está interesado, que mañana miércoles 6 de octubre, a las 20h, se reúne el Club de Lectura de la tienda Aquí la Ciencia, en su mismo local, para comentar este libro.

Breve Curiosidad #26: Jugar a ser Dios

Visato en El Listo (un web cómic de lo más recomendable, epse a que la mayoría de tiras tengan un diseño más bien “cutre” (pero el contenido, para mí, es suficientemente genial como para ignorar ese detalle ^^)

Breve Curiosidad #5: ¿Te apetece ser el malo?

Hace poco descubrí un juego flash, bastante curioso. Se llama Pandemic II y el objetivo es meterse en el papel de una terrible enfermedad para asolar el mundo.

El juego consiste en controlar la evolución del microorganismo que prefiráis (virus, parásito o bacteria) para propagaros lo más rápido posible en el mundo y causar cuanto más daño mejor antes de que los humanos os frenen con las medidas que vayan tomando o, peor aún, descubran una vacuna.

Conocía un juego que se llama igual, Pandemic, pero de mesa y en el que los jugadores son investigadores buscando solución a cinco grandes enfermedades que se extienden por el mundo. Tal como pasa en las películas de Hollywood.

El juego flash me hizo gracia por la perspectiva novedosa, pese a lo macabro de la idea de juego. No esperéis aprender sobre como evolucionan las enfermedades. Después de todo no me parece que haya una malvada inteligencia detrás de las enfermedades que se propagan, tal como ocurre en la muy recomendable “La Amenaza de Andrómeda” de Michael Crichton (que no hace mucho fue llevada a la televisión como una miniserie de dos capítulos). Sin embargo algo se puede ver de como se propagan las enfermedades y el riesgo de que estas muten. De todos modos eso debería juzgarlo alguien que supera más del tema ;) (sí, me apetece que algún biólogo o médico se pase a comentar que le pareció).

En cualquier caso es una tontería para pasar un rato divertido y echar varias partidas para intentar superarte en la devastación alcanzada. Aunque sea una tontería, la verdad es que el juego te pica bastante.

De la ciencia ficción a la realidad #1: Prótesis robóticas

Con este post inauguro una nueva sección del blog: “De la ciencia ficción a la realidad” donde comentaré los nuevos avances tecnológicos que nos acercan a lo soñado por varias generaciones de escritores y creadores.

Hace tiempo que ya me había asombrado con las prótesis de última generación que mediante la técnica TMR (Targeted Muscle Reinervation) permiten que el cerebro controle el movimiento de la prótesis. Es un primer paso a la hora de lograr lo que se ha propuesto en tantos libros y películas: prótesis que sustituyen totalmente e incluso mejoran sensiblemente, las extremidades humanas.

Pero no nos desviemos. La TMR consiste en tomar aquellos nervios que iban al brazo y han quedado cortados, para “reconectarlos” a otros músculos cercanos (pecho y espalda). La prótesis dispone de unos electrodos que se conectan a los músculos en los que se han reimplantado los nervios. Estos electrodos captan la activación del músculo y la traducen en un movimiento de la prótesis. La razón por la que se recurre a los nervios del brazo amputado, en vez de, simplemente, conectar los electrodos a otros músculos, es que de esta forma el paciente, cuando envía una orden cerebral a su brazo desaparecido, activa los músculos del pecho que, a su vez, activan la prótesis. Esto es importante, porque de otra manera le paciente tendría que desaprender el uso de los músculos de su brazo desaparecido y aprender el uso de otros músculos para mover la prótesis.

Y una vez se ha dado el primer paso, parece que las cosas se aceleran. Recientemente se ha presentado la nueva prótesis experimental desarrollada por “Rehabilitation Institute of Chicago“. Esta prótesis presenta mejoras sustanciales en dos campos fundamentales respecto prótesis controladas anteriores. La primera es que, mientras que versiones anteriores disponían de una variedad mínima de movimientos (giro del hombro, giro de la muñeca y apertura y cierre de la mano), esta puede realizar hasta diez movimientos entre el hombro la muñeca y la mano. La segunda mejora es que, al parecer, no requiere de concentración consciente para realizar los movimientos. Como hemos dicho, basta pretender mover el brazo amputado para que la prótesis entre en funcionamiento.

Os dejo además, estos vídeos. En el primero aparece la paciente Amanda Kitts:

Claudia Mitchell:

Y Jesse Sulivan:

En la ciencia ficción tenemos un ejemplo muy bueno de ello en la muy recomendable Ghost In The Shell*. En ella se habla, precisamente, de un futuro no muy lejano en el que mente e informática se mezclan en cuerpos biomecánicos hasta un punto en el que uno se pregunta donde termina un ser humano y empieza una máquina. En este futuro, los seres humanos sustituyen partes de su cuerpo (y su cerebro) por componentes biomecánicos que mejoren sus capacidades. Pero también encontramos seres completamente artificiales, regidos por inteligencias artificiales, que mezclan órganos humanos con componentes biomecánicos. Al final, la frontera entre unos y otros se vuelve demasiado ténue. Esta saga reflexiona, precisamente, sobre lo que nos hace humanos y las implicaciones de la aproximación entre lo mecánico y lo biológico hasta ese extremo.

Por supuesto, todos habéis visto la saga de “Star Wars”, donde también alguno de los personajes acaba con una prótesis de esas sustituyendo una amputación. Aunque personalmente no considero que esta saga sea ciencia ficción, más bien es fantasía futurista.

Aún estamos lejos de las precisas y sutiles prótesis imaginadas por la ciencia ficción, así como del extremo que propone Ghost in The Shell. Pero desde luego, hemos empezado un camino irreversible hacia ellas en el que cada vez avanzamos más rápido. ¿Llegaremos a ver algo parecido a lo de Ghost in the Shell? Pienso que yo no, pero muy seguramente mis hijos sí.

*En realidad de Ghost in The Shell hay un manga, dos películas y una serie de Anime.