Tijeretazo a I+D=tijeretazo a nuestro futuro

La historia del desarrollo científico y tecnológico de este país en los últimos dos siglos puede describirse con pocas palabras: precario, lento y desestimado.

Los investigadores han ido siempre con medios muy limitados y la grandeza que han alcanzado algunos, más que gracias a nuestro sistema, ha sido a pesar de él. Veamos, por ejemplo,  las palabras de Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de medicina:

“¡Quién tuviera esos magníficos objetivos a que Fleming, Strassburger y Carnoy deben sus descubrimientos! ¡Quien pudiera poseer un Seibert 1/16 o un Zeiss 1/18! Aquí, desgraciadamente, las facultades no tienen material y aunque yo me empeñara en pedir uno de esos objetivos no me lo consentiría el decano por falta de fondos. Mucho envidio más aún esa riqueza de medios técnicos de que Vs. goza, con la que se hace cuanto se quiere. Yo tengo que resignarme con un objetivo 8 de inmersión Verick y éste gracias a que es de mi propiedad, que por Facultad no tendría más que un 5 o un 6 Nachet.”(*)

Por mucho que  no tengamos mucha idea de microscopios (yo no la tengo), su tono es inconfundible. Así, cuando inició sus investigaciones gastó sus ahorros en comprar sus propios instrumentos, el citado Verick, y algunas cosas más.

Es cierto que cuando hay crisis hay que apretar el cinturón, pero reducir la inversión en ciencia, cuando ya es bastante pequeña, es un absurdo. Es paliar la escasez de hoy hipotecando el futuro. Por que nuestra prosperidad futura pasa por el desarrollo técnico y científico. Y para el que lo dude sólo hay que echar un vistazo a  la historia de este país y ver cómo los grandes avances técnicos han llegado casi siempre del extranjero y más tarde que pronto.

En la edad media y la edad antigua lo que medía el desarrollo de una nación era la capacidad para producir mayor cantidad de bienes primarios. Con mejores técnicas y herramientas podían obtenerse mejores cosechas, y mayor producción de otros recursos, como metales. Eso significaba aumentar la riqueza, el bienestar, el desarrollo del comercio y las ciudades…

En cambio, en la época colonial, lo que diferenciaba a la colonia de la metrópoli es que la colonia suministraba productos primarios que eran trasladados a la metrópoli, en dónde la industria local los manufacturaba para ser exportados. La producción de los bienes primarios había dejado de ser la prioridad de la metrópoli, ya que podía obtenerlo de otros lugares gracias a la mejora de las comunicaciones. Lo que poseía la metrópoli y no ningún otro sitio era la capacidad industrial. Y eso no es tan sencillo como llegar y poner una fábrica: necesitas primero gente con formación tal que puedan tener nuevas ideas: científicos. Y una vez tienes la nueva idea necesitas ingenieros que encuentren las aplicaciones y las desarrollen de forma efectiva, lo que a la larga generará riqueza, porque puedes producir más, más barato, mejor y más rápido.

Ahora, en el siglo XIX lo que va a diferenciar a un país desarrollado de uno en desarrollo no va a ser dónde se pone la fábrica, ya que la mejora de comunicaciones ha permitido que se puedan producir bienes en un extremo del mundo que lleguen a todo el globo. Y claro, las fábricas “clásicas” se van a poner dónde sea más barato producir (con todas las consecuencias sociales que esto implica). Lo que va a diferenciar a unos países de otros es la investigación de nuevas tecnologías y la industria de tecnologías punteras, porque requieren gente muy especializada que no todos los países pueden llegar a formar. Y este país tiene la oportunidad de ser una potencia en este aspecto… pero la deja ir.

Aquí se potencia sobre todo la industria “clásica” y el sector servicios, porque es lo que nos ha traído bienestar en los últimos 50 años, pero lo hizo porque éste era un país en desarrollo, más barato y en el que salía bien invertir en estos aspectos, tal como ocurre ahora con otros países… pero no ya con este.

Los políticos son incapaces de pensar a largo plazo y no se dan cuenta cómo los países líderes en tecnología han llegado a ser lo que son: INVERSIÓN EN I+D.

Lo que va a medir la prosperidad de un país de aquí a 100 años va a ser la producción de conocimientos técnicos y científicos y el desarrollo tanto de las tecnologías necesarias para dicha producción, como de las tecnologías nacidas a partir de ella. Lo que va a poder tener un país desarrollado y no otros va a ser la producción de tecnologías nuevas.

Pero aquí se apostará por servicios e industria y lo que obtendremos será precisamente eso: convertirnos en un país de servicios e industria básica, que es el equivalente a apostar por el sector primario en plena revolución industrial: es decir, apostar por lo que cualquier otro puede producir también. Y cuando se trata de algo que todo el mundo puede producir… ¿dónde está el beneficio? pués donde salga más barato. Y veremos con eso qué prosperidad nos espera.

Y para muestra sólo hay que ver Japón. Al igual que nosotros, tenían su país en las ruinas hace 50 años. Y ahora son potencia mundial en alta tecnología, mientras que nosotros somos una potencial industrial más de la lista… y cada vez menos. La diferencia está en que ellos invirtieron de verdad en desarrollo científico-técnico y nosotros no. Y seguimos sin aprender la lección.

(*) cita sacada del estupendo artículo “El de Petilla de Aragón”

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