Breve Curiosidad #54: CARMENES sountrack

Ayer os comentaba el post que me han publicado en Amazings sobre CARMENES. El caso es que revisando la web del proyecto, he encontrado que han subido la “soundtrack” oficial del proyecto, de un “live” en el propio observatorio de Calar Alto:

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Sacks, House y la enfermedad de cupido.

Estaba leyendo el más que reseñable libro de Oliver Sacks: “El hombre que confundió a su  mujer con un sombrero” cuando encontré que uno de sus casos neurológicos me era extrañamente familiar y, seguramente, aquellos que sean asiduos a House también reconocerán los más que evidentes parecidos, e incluso alguna frase que está copiada literalmente de la obra de Sacks.

Aquellos que no conozcan a Sacks, no deberían perder la oportunidad de conocer su obra, y como muestra este caso que aquí reproduzco.

El fragmento es el siguiente (capítulo 11. La enfermedad de cupido):

Natasha K., una mujer inteligente de noventa años, acudió a nuestra clínica. Explicó que poco después de cumplir los ochenta y ocho advirtió <<un cambio>>. ¿Qué clase de cambio?, le preguntamos.

– ¡Delicioso! -exclamó-. Era muy agradable. Me sentía con mucha más energía, más viva, me sentía joven otra vez. Empezaron a interesarme los hombres jóvenes. Empecé a sentirme, digamos, <<retozona>>, sí, retozona.

-¿Y eso era un problema?

-No, al principio no. Me sentía bien, extremadamente bien, ¿por qué iba a pensar yo que pudiese haber problemas?

-¿Y después?

– Mis amistades empezaron a preocuparse. Al principio decían: <<Estás radiante… ¡Parece que has rejuvenecido!>>, pero luego empezaron a pensar que aquello no era del todo razonable. <<Tú eras siempre tan tímida>>, decían,  <<y ahora eres una frívola. Andas riéndote, contando chistes…, ¿tú crees que está bien eso a tu edad?>>

-¿Y cómo se sentía usted?

-Yo estaba desconcertada. Me había dejado llevar, y no se me había ocurrido poner en entredicho lo que estaba pasando. Pero entonces lo hice. Me dije:<<Natasha, tienes ochenta y nueve, esto dura ya un año. Siempre fuiste muy moderada en tus sentimientos,!y ahora esta extravagancia!. Eres una mujer vieja, casi al final de la vida. ¿Qué podría justificar una euforia repentina como esta?>>. Y en cuanto pensé en euforia, las cosas adquirieron un nuevo aspecto. <<Estás enferma querida>>, me dije. <<¡Te sientes demasiado bien, tienes que estar mala!>>.

-¿Mala? ¿Emotivamente? ¿Mala mentalmente?

-No, emotivamente no, físicamente. Era algo de ni cuerpo, de mi cerebro, lo que me ponía tan eufórica. Y entonces pensé: !maldita sea, esto es la enfermedad de Cupido!.

-¿La enfermedad de Cupido? –repetí, sin comprender. Era la primera vez que oía aquello.

-Sí, la enfermedad de Cupido…..la sífilis, comprende.

Es que yo estuve en un burdel de Salomónica, hace casi setenta años. Cogí la sífilis, muchas de las chicas la tenían, la llamábamos la enfermedad de Cupido. Mi marido me salvó, me sacó de allí, hizo que me la trataran. Eso fue muchos años antes de la penicilina, claro. ¿No es posible que haya seguido contigo durante todos estos años?

Puede haber un inmenso periodo de latencia entre la infección primaria y la aparición de neurosífilis, sobre todo si la infección primaria ha sido contenida, no erradicada. (…)

Pero yo no me había encontrado nunca con un intervalo de setenta años ni con un autodiagnóstico de sífilis cerebral expuesto con aquella tranquilidad y claridad.

– Es una sugerencia sorprendente –contesté después de pensármelo un poco-. Nunca se me habría ocurrido, quizás tenga usted razón.

Tenía razón; el fluido espinal dio positivo, tenía neurosífilis, eran realmente las espiroquetas las que estimulaban su córtex cerebral antiguo. Se planteó entonces la cuestión del tratamiento. Pero surgía aquí otro dilema, que planteó, con su agudeza característica, la propia señora K.

– No sé si quiero curarlo –dijo-. Ya sé que es una enfermedad, pero me ha hecho sentirme bien. He disfrutado de ella, aún sigo disfrutando, no voy a negarlo. Hacía veinte años que no me sentía tan viva, tan animada. Ha sido divertido. Pero sé muy bien cuando una cosa buena va demasiado lejos, y deja de ser buena. He tenido ideas, he tenido impulsos, no le contaré, que son… bueno, embarazosos y estúpidos. Era como estar un poco ida, un poco achispada, al principio, pero si la cosa va más lejos…

Remedó a un demente espasmódico y babeante. Luego continuó.

– Pensé que lo que tenía era la enfermedad de Cupido, por eso acudí a ustedes. No quiero que la cosa se ponga peor, eso sería horroroso; pero no quiero que me cure, eso sería igual de malo. Hasta que me asaltó esto yo no me sentía plenamente viva. ¿Cree usted que podría mantenerla exactamente como está?

Lo pensamos un rato y nuestra vía de actuación, afortunadamente, estaba clara. Le hemos administrado penicilina, que ha matado las espiroquetas, pero nada se puede hacer para eliminar los cambios cerebrales, las desinhibiciones, que las espiroquetas han causado.

Ahora la señora K. tiene ambas cosas, disfruta de una desinhibición suave, una liberación del pensamiento y el impulso, sin nada que amenace el control de sí misma, y sin peligro de una mayor lesión del córtex. Alberga la esperanza de vivir, reanimada así, rejuvenecida, hasta los cien.

– Es curioso – me dice-. Ha conseguido usted jugársela a Cupido.

Curiosamente, esta viejecita fue capaz de diagnosticarse sola, mientras que en House, la enfermedad trajo de cabeza al atípico doctor y sus secuaces.

La obra de Sacks es fascinante a la par que divulgativa, altamente recomendable para cualquiera con una mínima curiosidad sobre el cerebro, pues te introduce en el misterioso mundo de las enfermedades y alteraciones neurológicas de la forma más sencilla, cruda y desconcertante: mediante casos reales que él mismo ha estudiado o tratado. Esto da una visión de lo que él llama “dimensión humana”: cómo afecta la enfermedad o la alteración a la persona afectada, a su vida, a sus relaciones… en suma, qué significa esa enfermedad en lo que llamamos el yo.

A mí, personalmente, me gustó más su siguiente libro: “Un antropólogo en Marte”, tal vez porque es menos lírico y menos metafísico, o tal vez porque desarrolla más extensamente todos los casos, profundizando más en cada uno de ellos. En cualquier caso, no tiene desperdicio. La única pega a estos libros es que se publicaron hace un cuarto de siglo, y aunque muchos de lo que se explica sigue siendo perfectamente válido, hay campos en los que se ha avanzado espectacularmente desde entonces, por lo que este libro nos dejaría al nivel de lo que se sabía entonces.

Añado por último, por si alguien está interesado, que mañana miércoles 6 de octubre, a las 20h, se reúne el Club de Lectura de la tienda Aquí la Ciencia, en su mismo local, para comentar este libro.

Breve curiosidad #20: ¿quién toca los bongos?

Buenas a todos. En primer lugar debo disculparme por mi ausencia. Ayer he tenido un examen y otros dos me esperan en los próximos días. Sin embargo, a  partir del día 29, cuando por fin termino, volveré a mi ritmo habitual de publicación.

Entre tanto, como no tengo muchas ganas de poner el cerebro a funcionar para algún tema especialmente denso, os dejo una curiosidad que me llegó vía mi novia (que también estudia física).

Cuando veáis el vídeo habrá dos tipos de respuestas. La de quién sepa quién aparece tocando los bongos sin necesidad de leer su nombre (y que seguramente nunca le haya visto tocarlos, por lo que no deja de ser curioso) y aquellos que no tengan ni idea de quién es ese tipo llamado Richard Feynman:

En palabras de mi profesor de mecánica cuántica, Feynman ha sido la única persona que ha logrado reunir tres logros completamente dispares.

“Ser declarado deficiente mental por un comité de reclutamiento en la segunda guerra mundial, ganar un premio tocando los bongos en el carnaval de Río de Janeiro (junto con el resto de su escuela de samba) y ganar el premio Novel de Física de 1965.”

Si queréis saber más sobre este curioso, curiosísimo personaje baste dar algunos retazos de información: Pinto cuadros para burdeles como afición, estuvo en el proyecto Manhattan y en él se dedicaba a “reventar” cajas fuertes para demostrar que la seguridad era dificiente. Patentó la idea “cohetes de impulsión atómica” como broma durante esa época. Estuvo en el comité del accidente del Challenger, para determinar las causas del accidente, pero con su peculiar estilo. Cuando tuvieron que operarle de cáncer y se produjo una hemorragia durante la operación, se formaron colas y colas de alumnos en el hospital donde estaba para donar sangre.entre otras muchas cosas.

Pero si queréis saber más de él, os recomiendo los magníficos artículos de Omalaled, en los que se habla de Feynman y de los libros que se publicaron sobre él: (“¿Está usted de Broma, Sr. Feynman?” y “¿qué te importa lo que piensen los demás?”).

Algunos de los muchos post de Omalaled donde se mencionan sus andanzas:

Feynman y la burocracia

Feyman y la Nasa

El ladrillo ¿es un objeto esencial?

¡Ojalá lo supiera!

“La Física es como el sexo: seguro que da alguna compensación práctica, pero no es por eso por lo que la hacemos.” – Richard Feynman

Breve curiosidad #16: La solución

Buenas a todos, espero que hayáis pasado un buen puente.

Tal como prometí hoy voy a daros la solución al reto que os propuse hace unos días. Pongo de nuevo el vídeo:

Y aquí pongo otro vídeo que contiene la solución del asunto:

Creo que después de este vídeo está bastante claro. Si os fijáis en los momentos del vídeo en los que la cámara muestra una explosión (una al comienzo y otra a partir de 1:04), falta la onda de choque de las explosiones. Lo que es muy curioso, porque si os fijáis, la explosión afecta a algunas personas y objetos cercanos, pero no a otros un poco más lejos. Es decir el directo quería mostrar el avance del efecto de la explosión. Sin embargo, cuando algo explota, se rompe la barrera de sonido y se provoca una onda de choque. Este frente de choque tiene un salto repentino de densidad, lo que provoca la refracción de la luz y lo hace perfectamente visible, como podéis comprobar en el vídeo solución.

Si el directo se hubiera fijado en este detalle, podría haber mostrado la situación de la onda de choque y como los objetos a los que no ha alcanzado aún no han recibido el impulso de la explosión. Hay que decir, que es curioso que cuando hay armas disparando (por ejemplo en 0:27 en adelante) las balas SÍ tienen su onda de choque (pues su velocidad es tal que rompen la barrera del sonido). Por eso, pienso que la onda de choque en la explosión fue un despiste “físico” llamativo.

Hubo quién fue observador y se dio cuenta que el post en el que os retaba le puse la etiqueta de “refracción“. Fue una pequeña pista por mi parte, pero bastante “oscura”.

Breve curiosidad #15: ¡Descubre el fallo!

Hoy os dejo un reto a todos los lectores. En el siguiente vídeo, flipante por cierto, hay un error físico muy considerable.

Obviamente no se trata de que  parar el tiempo y pasearse por la escena viole varias leyes físicas xD. El error esta en ciertos elementos a los que les falta algo que se debería ver en esa situación de tiempo detenido.

SI lo preferís, aquí se ve en mejor calidad: Philips Carousel

¿Alguna idea?

La solución a la vuelta del puente.

Pero ojo, como yo no me voy de puente seguiré posteando estos días ^^

Breve Curiosidad #10: Tecnología futurista.

Hoy he encontrado este vídeo que parte de una campaña viral. Parece que no se sabe de que es, pero hay indícios de que podría tratarse de una nueva secuela del conocido Half Life.

Bueno, pero a lo que vamos. Este vídeo me ha llamado la atención por la combinación de artilugios actuales y futuristas que aparece. En especial, la conexión cerebral, que te proporciona información sobre el entorno en tiempo real.

Es algo que no es raro encontrarlo en la ciencia ficción, en especial en los videojuegos, bien en su versión de enchufe directamente al cerebro, o bien de proyección de información en el ojo. Los ejemplos son innumerables. Baste citar el ya clásico Outcast o el más reciente Ghost Recon.

Pero tal vez estemos más cerca de esa tencología de lo que creemos. Hace no mucho hablaba sobre las prótesis de última generación, que funcionaban por conexión a los nervios de la extremidad mutilada. Pero también hay trabajos en la actualidad orientados a trabajar con conexiones directas al cerebro.

En la actualidad existen  implantes tanto de oído como de paneles de microelectrodos que palían la sordera y la ceguera, respectivamente, siempre que el nervio no esté dañado. Pero ya están en fase de ensayos clínicos implantes que prescinden del uso del nervio correspondiente y se conectan directamente con las áreas del cerebro relacionadas. Esto permitiría devolver la vista o la escucha a quienes tienen el nervio dañado (y no simplemente los mecanismos receptivos).

¿Cuanto tardaremos en tener un aparatito como ése, conectado directamente a nuestra capacidad visual?

pero bueno, no me alargo más. Aquí os dejo el vídeo:

Referencias: Fusión de mente y máquina (ELPAIS)

Breve Curiosidad #5: ¿Te apetece ser el malo?

Hace poco descubrí un juego flash, bastante curioso. Se llama Pandemic II y el objetivo es meterse en el papel de una terrible enfermedad para asolar el mundo.

El juego consiste en controlar la evolución del microorganismo que prefiráis (virus, parásito o bacteria) para propagaros lo más rápido posible en el mundo y causar cuanto más daño mejor antes de que los humanos os frenen con las medidas que vayan tomando o, peor aún, descubran una vacuna.

Conocía un juego que se llama igual, Pandemic, pero de mesa y en el que los jugadores son investigadores buscando solución a cinco grandes enfermedades que se extienden por el mundo. Tal como pasa en las películas de Hollywood.

El juego flash me hizo gracia por la perspectiva novedosa, pese a lo macabro de la idea de juego. No esperéis aprender sobre como evolucionan las enfermedades. Después de todo no me parece que haya una malvada inteligencia detrás de las enfermedades que se propagan, tal como ocurre en la muy recomendable “La Amenaza de Andrómeda” de Michael Crichton (que no hace mucho fue llevada a la televisión como una miniserie de dos capítulos). Sin embargo algo se puede ver de como se propagan las enfermedades y el riesgo de que estas muten. De todos modos eso debería juzgarlo alguien que supera más del tema ;) (sí, me apetece que algún biólogo o médico se pase a comentar que le pareció).

En cualquier caso es una tontería para pasar un rato divertido y echar varias partidas para intentar superarte en la devastación alcanzada. Aunque sea una tontería, la verdad es que el juego te pica bastante.