Casualidades II

Ayer hablaba sobre cierta casualidad y deje varias preguntas planteadas. Obviamente las respuestas que voy a dar no constituyen pruebas definitivas, sólo son argumentos que considero razonables sobre el tema.Casualidades como estas u otras pueden enfocarse bajo muchos puntos de vista pero en general pueden agruparse en dos. La visión escéptica, una visión mágica o la visión indiferente. Esta última visión es aquella para quienes las casualidades son “simplemente casualidades” y no se detienen a analizarlas, pero en general esto deja vía libre a que bajo ciertas condiciones, como que se de una casualidad muy concreta para la situación personal, la visión pase a ser más mágica.

Bajo una óptica mágica, esto sería una prueba irrefutable de que hay fuerzas que controlan sutilmente nuestras acciones. Por lo que las casualidades no son tales si no situaciones pre calculadas por algo o alguien y que tienen, sin duda, algún tipo de significado. Que esas acciones tengan una intencionalidad las vuelve más plausibles. Algo que de forma natural es imposible que ocurra, o que sencillamente sea muy improbable, aunque nosotros creamos que es imposible, tiene que estar causado por algo capaz de alterar lo natural. Algo como nuestra capacidad de tomar decisiones. Y estas decisiones, sean tomadas por fuerzas conscientes o inconscientes (destino), tienen una intencionalidad, pues lo que se espera de quien toma una decisión. Aplicamos una estructura que conocemos bien por nuestra propia experiencia para dar sentido a algo improbable.

Yo en cambio, veo las cosas de la siguiente manera. Nuestro cerebro tiende a buscar relaciones en el mundo. Es una habilidad muy útil, gracias a la cual se ha podido desarrollar nuestra especie en general y el método científico en particular. Pero esa habilidad es engañosa, puede llevarnos a encontrar relaciones aparentemente reales, aunque en realidad no lo son.

En este caso tenemos una serie de dos acontecimientos bastante improbables. Por lo que el hecho de que se den ambos es aún más improbable. Ahora bien, ambos hechos ni son causales ni podemos comprobar que estén correlacionados. Es decir, uno no provocó el otro, o al menos no hay ninguna prueba de ello.

El hecho de ver unos senderistas por el telescopio no me influyó a la hora de salir a pasear. Ni siquiera elegí yo la dirección. Y obviamente el suceso de por la mañana ya se me había olvidado. No hay causalidad ninguna.

Sin embargo, podríamos suponer que hay una correlación. Es decir que ambos sucesos están relacionados de una forma no aleatoria, aunque no directa: hay un factor lógico que relaciona ambos sucesos, pero nos resulta desconocido. Sin embargo, ni siquiera podemos plantear una correlación, puesto que para ello necesitaríamos tener conocimiento de varios casos iguales, comprobando si siempre dan lugar al mismo resultado o no. Contamos con un único caso por lo que no es prudente correlacionarlo pese a nuestras tentaciones, pero podríamos hacerlo. De hecho mucha gente lo hace. Y a ese factor correlativo, le dan una serie de atributos sobrehumanos o trascendentales, pues parecen la única forma de que pueda modificar los acontecimientos a una escala que nos supera tanto. A mí sencillamente me parece absurdo intentar hacer correlación de un acontecimiento aislado.

Al final se trata de aplicar la Navaja de Ockham. Tenemos dos explicaciones para el mismo acontecimiento. Pero una de ellas requiere dar por válidos una serie de elementos completamente inextricables, sin más justificación que la interpretación subjetiva. Más aún, ni siquiera podemos asegurar el origen de la fuerza sobrenatural, tenemos cientos o miles de posibilidades y no podemos proponer ninguna sobre las otras. Es más simple aceptar que se dan los casos improbables, como hipótesis más plausible, hasta obtener algún dato nuevo al respecto, lo que seguramente no suceda. Cuantos menos prejuicios acumules en este sentido, juicios más limpios podrás realizar en el futuro, sin influencia de elementos incognoscibles que además, ni siquiera tenemos certeza de que realmente sean como los suponemos.

Reitero que no hay una respuesta absoluta ante las casualidades y precisamente por eso, insisto, no debemos sobrecargar la respuesta de elementos innecesarios para su explicación, de los que se carece de pruebas objetivas y que sólo pretenden satisfacer nuestro egocentrismo (nosotros somos el centro de atención de fuerzas inextricables: si me ocurre a mí, debe ser por algo.)

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Casualidades I

Este fin de semana he estado de acampada astronómica con algunos amigos y la gente de ASAAF. No ha estado nada mal, aunque es una verdadera pena que, después de varios días con un cielo estupendo, justo estos dos días se nublara.

Pero no quería aburriros con la crónica de la salida. Más bien quería comentar una serie de sucesos improbables que se dieron de una forma un tanto curiosa.

El sábado por la mañana estuvimos probando a montar telescopios y alinearlos aquellos que no teníamos ni idea. Unos compañeros usaron una montaña cercana para ello y aquí llega la primera improbabilidad. Al apuntar hacia allí localizaron a un grupo de tres senderistas que caminaban por el perfil de la montaña. Obviamente a simple vista no se los podía ver, por lo que fue completamente fortuito. Me hizo gracia y le saqué una foto con la cámara mediante telescopio:

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En la siguiente foto aparece la montaña en la que les vimos, fotografiada la tarde anterior:

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Por la tarde un grupillo decidimos ir caminando hacia la entrada del puerto de la Morcuera, que no estaba muy lejos. Sólo pensábamos ir hasta donde nos diera tiempo o hasta que nos aburriéramos. Fue un paseo casual, parando para hacer fotos, sin ningún objetivo. En cierto momento llegamos a cierto sitio donde convergía con la carretera un camino que iba hacia los montes. Justo cuando llegábamos allí, llegaba también un grupo de senderistas. De tres senderistas, uno de ellos con un abrigo rojo, tal como los que habíamos visto por la mañana.

Nos entretuvimos hablando con ellos y enseñándoles la foto que había hecho por la mañana y por lo que nos contaron y el aspecto de su ropa sin duda eran ellos.

Sin duda una cadena de acontecimientos bastante improbables y que dan lugar a lo que solemos llamar una casualidad. Pero ¿esto significa algo o es puro azar? ¿hay alguna relación entre ambos acontecimientos? ¿el primero provocó el otro?

Yo me voy a dormir ya, que estoy cansado y mañana tengo un exámen. Pero mañana usaré este post de excusa para una reflexión sobre las casualidades. De todos modos, si queréis darme vuestro parecer, así podré incluirlo en el post de mañana ;)

PD: dada la abrumadora mayoría de votos a favor de que se envíe el texto compleot de los post para el Feed, procedo a cambiarlo ahora mismo.